13 sept. 2019

Para leer: Anna vestida de sangre, de Kendare Blake


Qué poquitos libros de terror se ven en librerías y ferias. Todavía estoy esperando a que alguna saga o autor pegue el pelotazo y se vuelva a poner de moda el género. Las historias de fantasmas siempre me han gustado mucho, ya sean de casas encantadas o de espíritus atormentados, creo que son de mis favoritas del género después de las de zombis. Este libro fue un regalo (¡gracias!), justo me pilló sin lectura en curso así que lo he colado en mi lista de lectura (al estilo "tortuguil"). La verdad es que la novela me ha gustado y me ha parecido entretenida, sobre todo el primer tramo, pero me tengo que quejar de lo de siempre. ¿Pero por qué todas la novelas juveniles tienen que ser idénticas? Sean del género que sean, el o la protagonista siempre tiene la misma edad, siempre tiene los mismos amigos/enemigos y siempre acaban enamorados de quien no debería pero sí... Y como ya me quedé a gusto, porque lo tenía que decir, os cuento de qué va Anna vestida de sangre.

La trama es sencilla en realidad y, resumiendo, hay dos misterios en marcha. El prota es un adolescente cazador de fantasmas, se dedica a matar espíritus asesinos con un cuchillo especial que heredó de su padre, al que mató un fantasma misterioso cuando él era un niño (ya tenemos el trauma de marras). Se entera de un nuevo caso, el de una jovencita que fue asesinada en la flor de la juventud y que ahora, tras cincuenta años, se dedica a destripar a todo el que se atreve a entrar en su casa. Porque eso sí, hay alguna que otra escena gore con tripas, sangre y salpicaduras por todas partes. Desde primera hora, Anna parece especial, distinta a los demás fantasmas a los que se ha enfrentado Cas antes porque, además de ser muy fuerte, a él le hace tilín la niña muerta.

¿Me gusta la trama de la caza del fantasma? Sí, está entretenida y hasta engancha pero... ¿Me gusta la parte del tonteo adolescente de ultratumba? Ejem... El diseño del fantasma terrorífico y sádico me encantó, tanto por las descripciones como por su modo de actuar, pero cuando aparece la niña buena y angelical resulta que te da una patada y te saca de la historia vilmente. Más que nada porque aparte de estar helada como un tempanito, de no tener olor ni sentir el frío poca cosa más indica que sea un espíritu de más de cincuenta años. Anna bien podría ser una compañera del instituto, por ejemplo, no se habría notado la diferencia. Las charlas de parque, el flirteo tontorrón e incluso lo de hacer manitas me chirrió demasiado (que ya me dirás cómo se hace manitas con un fantasma si son etéreos, o deberían). Los fantasmas son pura energía, de hecho así se describen durante el libro, que puedan abrir en canal a gente o lanzar cosas por los aires no significa que sean sólidos, ¿verdad?

En cuanto a Teseo Casio (que no me preguntes por qué me acuerdo del nombre), es un personaje que me pareció bien definido y que cumple con su papel de protagonista, aunque sin ir demasiado lejos. Es un solitario, vive con su madre y un gato que le bufa y nunca ha tenido amigos porque siempre andan mudándose de aquí para allá por su trabajo. Me pareció un personaje lógico porque a pesar de ser frío y racional no deja de ser un adolescente con las hormonas revolucionadas.

La tensión de la historia se mantiene hasta más allá de la mitad del libro, para mí habría sido suficiente con ese primer final, aunque supongo que el clímax del "requetefinal" era necesario para plantear su segunda parte: Anna desde el infierno.

En resumen, es una historia juvenil de fantasma (en singular), fácil de leer y sin más pretensiones que mantener al lector entretenido hasta el final y el "requetefinal".

24 may. 2019

Para leer: Agónico carmesí, de Josep Játiva y Laura Burgos



Reconozco que esto no me lo esperaba. Me había hecho una idea sobre Agónico carmesí y lo que vendría a contar pero resulta que es una historia muy diferente a lo que tenía en mente. Y muy loca.

"Su obsesión por el color carmesí, la sumerge en un mundo de depravación donde ella es la pieza clave en una profecía demoníaca con intenciones eróticas. Amor, deseo y muerte se mezclan en esta experiencia de terror con tintes románticos".

Es una novela corta, más cercana al relato, narrada en primera persona por una joven obsesionada por la sangre, la violencia, el sexo y la muerte. La narración es vertiginosa, apenas da tregua porque los acontecimientos se suceden casi sin pausa, por lo que se lee del tirón. Lo que deja bien claro es que la protagonista es esclava de sus instintos, los cuales florecieron tras conocer al "amor de su vida": un psicópata, asesino en serie, que esconde un oscuro secreto. Sangre, sexo y amor sadomasoquista era lo que esperaba encontrar pero la verdad es que la historia de la pareja de asesinos acaba demasiado pronto y de forma abrupta. Esto desencadena la ira de la protagonista, eso sí, que jura vengar a su amado y destruir a las criaturas que se lo arrebataron.

Íncubos, ¿te lo puedes creer? Esto es lo que no me esperaba. Resulta que los que ponen patas arriba la vida de la chica son una especie de demonios sexuales, en realidad humanos corrompidos por sus deseos más oscuros, que pretenden hacer cumplir una profecía que vaticina el advenimiento de una antigua diosa de la sangre y el sexo. A mí me recordaron a los vampiros de The strain, porque al fin y al cabo son alimañas dominadas por el instinto de reproducción y que ansían el placer a toda costa, ya sea a través del dolor, la sangre o el sexo. Claro que en lugar de una lengua larga... Ya os podéis imaginar. ¿Os acordáis de un manga que se llamaba Urotsukidoji y que muchos vimos a escondidas cuando niños? Aparecían unos demonios que se cargaban a la gente reventándolos con sus penes hipertrofiados y gigantescos (eso es lo que recuerdo, supongo que también tendría su historia detrás). Pues bien, es inevitable acordarse de esta película cuando lees Agónico carmesí.

Son pocos los personajes que aparecen en la historia, tampoco creo que necesite más. Cada uno de ellos, incluida la protagonista, tienen unas características muy definidas conforme a sus papeles pero en realidad, al terminar, tuve la sensación de que no llegué a conocer bien a ninguno de ellos. Cada cual tiene sus motivaciones pero los autores no indagan más allá. Algo parecido ocurre con los temas que trata, que no son pocos. Es evidente que el hilo principal es la lucha contra los íncubos y los acontecimientos que llevan a la prota hasta su inevitable destino, pero habría estado bien frenar un poco y detenerse en ciertas cuestiones sobre las que la narración pasa de puntillas. Como por ejemplo la libertad sexual y de expresión de la mujer o el sadomasoquismo, el cual siempre está presente pero que a la hora de verdad solo retrata el sadismo. También tiene su parte de crítica social con la que es inevitable sentirse identificado.

A los aficionados del gore o las películas de serie B les va a encantar esta historia, aunque si esperas páginas cargadas de erotismo, siento decirlo pero se queda corta, pues el sadismo le da una paliza. Es el indiscutible protagonista de Agónico carmesí.

Esta historia la tienes disponible en Amazon.

30 abr. 2019

Novedad editorial

Hace mucho que no traigo ninguna novedad editorial pero a esta tengo que hacerle un hueco y compartirla con vosotros porque es de un autor cuya primera novela me encantó. Tenéis la reseña de No fue por casualidad en el archivo del blog.

Esta vez nos presenta Agónico carmesí, una novela autoeditada y escrita a dos plumas por Josep Játiva y Laura Burgos que mezcla terror y erótica. ¡Anda que no! Promete ser muy heavy así que en cuanto pueda le hincaré el diente. 

 
Sinopsis: Su obsesión por el color carmesí, la sumerge en un mundo de depravación donde ella es la pieza clave en una profecía demoníaca con intenciones eróticas. Amor, deseo y muerte se mezclan en esta experiencia de terror con tintes románticos.

Una oportunidad para adentrarse en el interior de una mente dominada por un deseo más fuerte que el amor, la sed de sangre.

Una historia de amor para los amantes del terror. ¿Te ves capaz de sobrevivir a esta ola de acontecimientos carmesí?

La novela ha sido escrita en primera persona para que el lector pueda experimentar tanto el dolor como el placer de una manera lo más realista posible. Adoptando, de este modo, el rol de su protagonista.

Una autopublicación sin censura donde poder vivir una experiencia perturbadora en su totalidad. 

22 abr. 2019

La niña de harina -Parte 6 FINAL-



También lo puedes leer en WATTPAD

-Parte 1-
-Parte 2-
-Parte 3-
-Parte 4- 
-Parte 5-


Pasaron un par de días y Alicia no mejoró, ni siquiera abría los ojos, había caído en un profundo sueño sin posibilidad de retorno. Mientras tanto, Ana se pasaba los días velándola. Había perdido el apetito y la alegría. Cuántas veces pidió a Dios que se la llevase a ella en vez de a la niña, pero sus plegarias de poco sirvieron.

Un atardecer, mientras lloraba junto a su cama, Don Felipe entró en la habitación. El señor de la casa había regresado. Guardó silencio y miró desolado a su hija, con lágrimas en los ojos. En aquel momento su semblante no se parecía al del severo hombre del retrato; la mirada de Don Felipe era cándida y estaba llena de amor y tristeza. Se arrodilló junto a la cama y sostuvo la mano de Alicia, igual que Ana sostenía la otra. Y así, esa noche, velaron juntos a su hija.

Cuando amanecía el primer día de octubre y los gallos cantaron al sol, Alicia murió.


En lugar de una boda se ofició un velatorio. Se acababan de llevar el cuerpo para amortajarlo y meterlo en el pequeño ataúd de madera pero Ana no habría soportado verla dentro de la caja mortuoria y se quedó en habitación de la niña. Todavía creía verla en la cama, tan blanca como la harina, sonriendo deseosa por escuchar sus historias.

Cayó sobre las sábanas con un sollozo y maldijo a Dios por llevársela. Enseguida supo que a sus pensamientos los guiaba la rabia y la impotencia y pidió disculpas porque si Dios se la había llevado habría sido por alguna razón.

Entonces fue cuando encontró la gota de sangre en la almohada. Un punto rojo justo en el centro, pequeño y desvaído. Lo rozó con la mano y la retiró al tiempo que sentía la almohada tan caliente como el lomo de un perro.

«¿Cómo puede ser que todavía esté caliente?» —pensó. Hacía más de una hora que se habían llevado el cuerpo tan frío como un témpano.

Se levantó, y con recelo cogió la almohada. La dejó caer al suelo ahogando un grito cuando notó que pesaba. Sus manos temblaban, su frente se había perlado y su corazón bombeaba frenético a punto de saltar de su pecho. Consiguió dominar el temblor que le recorría los dedos y cogió las tijeras del costurero. Contuvo el aliento y las clavó en la tela para rasgarla y abrirla por la mitad. Espantada, cayó al suelo sintiendo tal pánico que le impidió gritar.

Había una criatura enroscada dentro de la almohada, la misma con la que soñó la primera noche que pasó en la casa. Desde abajo, entre las plumas, le devolvió una mirada vil y sanguinolenta, la carne era del color del tinto y estaba tan cebada como un cerdo antes de una matanza. La cabeza malformada acababa en una pequeña trompa muy fina, como un gusano.

El engendro se tambaleó al levantarse pues no podía andar porque la panza le arrastraba por el suelo. Se deshizo de las plumas y con torpeza escapó por la puerta ante la mirada atónita de Ana, que petrificada y sentada en el suelo, no se atrevió a moverse.

Cuando el monstruo desapareció, Ana cayó en la cuenta de lo pasaba. Se trataba de un demonio, ¿qué otra cosa podía ser? Ese monstruo era un parásito y había estado alimentándose de la vida de Alicia, de su sangre, tal como lo hubiese hecho un impasible vampiro. La rabia tras conocer al asesino de su niña le dio fuerzas para levantarse. Cogió el atizador de la chimenea y fue en busca del monstruo.
Fue fácil seguirlo pues había dejado un rastro parecido al de una babosa gigante. La huella viscosa y maloliente bajaba las escaleras y se adentraba en la cocina para perderse bajo la puerta que daba al sótano. ¿Acaso es que aquel sueño fue una premonición?, se preguntó. Fuera lo que fuese, Ana estaba decidida a acabar con el monstruo y su sed de sangre.

Respiró hondo y llamó al coraje pero al bajar los escalones empezó a dudar. El frío y el silencio la envolvían, además estaba esa extraña fuerza que tiraba de sus entrañas hacia abajo. Había poca luz y apenas distinguió a la criatura. Estaba recostada. Quizás, supuso Ana, esperaba a que la puerta del infierno se abriese para regresar al averno.

Ana no pensaba dejarle escapar. Alzó el atizador de hierro y se acercó. La criatura torció los ojos sanguinos y la miró desde abajo. No intentó huir, tal vez porque era incapaz de moverse después del atracón.

—¡Te enviaré de vuelta al infierno, maldito demonio! —exclamó alzando el hierro. Lo descargó con furia y atravesó al engendro.

El chillido de la criatura le taladró la cabeza pero no se detuvo, por nada del mundo lo habría hecho, mas la mirada cándida de Ana se transformó en insania cuando perdió el control. Apuñaló a la criatura al tiempo que la sangre de Alicia, la sangre de su niña, manaba a borbotones desperdiciándose. Le salpicó el vestido, el rostro, y con una última embestida lo atravesó con tanta fuerza que lo ensartó y clavó el atizador en el suelo.

Soltó el arma y se tapó los oídos porque los gritos de la criatura calaban en su mente como puntas de lanza al rojo vivo. El grito de la muerte la doblegó y Ana se desvaneció.


El alba trajo consigo una brisa helada a los campos y una neblina que cubría las copas de los árboles y diluía el horizonte, donde los ladridos de los perros llenaban el silencio.

—¡La hemos encontrado! —Se escuchó vociferar a uno de los mozos.

Don Felipe bajó aprisa los escalones del caserón, con el rostro congestionado por la preocupación y la falta de sueño.

—¡Ana! —La sostuvo en sus brazos.

Llevaba desaparecida varios días durante los cuales Don Felipe la había buscado sin descanso. Justo cuando la daban por muerta, ya que las noches cada vez se tornaban más frías en el monte, la habían encontrado con vida. El pelo lo tenía encrespado y desecho y su ropa estaba rasgada, manchada de barro y mugre. Pero lo peor no era el aspecto de Ana, ni su joven rostro desencajado, sino la mirada vacía y perdida.

—He matado al demonio… —farfulló Ana—. He matado…

—¡Santo cielo! ¡Está ida! —se lamentó Don Felipe.

—He matado…

A partir de ese día Ana no volvió a mediar palabra, se pasaba los días en silencio, sentada junto a una ventana mirando a ninguna parte. Después de muchos intentos, y después de no conseguir ninguna señal de conciencia, Don Felipe empezó a lamentar que su joven y bella prometida hubiera perdido el juicio.

Una tarde el ama de llaves la condujo del brazo hasta la puerta de la casa. Allí la estaba esperando Don Felipe, en esta ocasión para despedirla. En el camino había un carro negro tirado por un jamelgo viejo que la esperaba con la portezuela abierta.

—No se preocupe, Don Felipe, estará bien atendida —dijo un hombre que lucía bigote y traje negro.

—Adiós, Ana. —Don Felipe se despidió de su silenciosa prometida con un beso en la frente.

Luego la subieron al carruaje y el hombre de negro cerró la puerta con llave. Sobre la portezuela, con letras desvaídas, podía leerse: «Sanatorio San Buenaventura».

Cuando el carro se puso en marcha con un traqueteo, Ana se asomó a través de los barrotes. Sonrió a la niña de harina que se despedía de ella desde la ventana de su habitación.

Ana levantó la mano y dijo adiós.

FIN
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