16 jul. 2014

Para leer: El corredor del laberinto, de James Dashner


A veces hay libros que empezamos a leer con muchas ganas, ya sea por las expectativas que provocan los comentarios positivos o porque el argumento nos entusiasma desde un primer momento. Algo así me ha sucedido con El corredor del laberinto. Cuando se editó por primera vez en 2010 lo tuve entre mis manos, pero al final lo dejé en la librería porque llevaba la cesta demasiado llena. Después de eso lo busqué más de una vez y dio la casualidad de que no lo encontré por ningún lado. Supongo que porque van a estrenar la película ha vuelto a aparecer el primer volumen en las librerías (¡bien!) y cuando lo vi me tiré sobre él cual señora en rebajas. Así pues lo empecé a leer con toda la ilusión del mundo, y lo cierto es que el libro es entretenido y se lee bastante rápido peeero, después de terminarlo, ha resultado ser una lectura más que pasará sin pena ni gloria por mi estantería.

El argumento, en principio, es sencillo. Un muchacho llega a una especie de colonia donde solo hay adolescentes, todos chicos, a la que llaman El Claro. Thomas solo recuerda su nombre, sabe que existen cosas como el cine o la familia pero sin embargo no recuerda detalles concretos. A todos les pasa lo mismo, ninguno tiene recuerdos anteriores a su llegada al claro. Los chicos están muy bien organizados: hay cocineros, granjeros, carniceros, mediqueros… y luego están los corredores. El Claro está rodeado por un laberinto, el cual se cierra por las noches, ya que cuando se pone el sol (o más bien se apaga) aparecen los laceradores; unas criaturas medio mecánicas capaces de destrozar al más fuerte. La misión de los corredores es encontrar la solución al laberinto, y ya desde el primer momento a Thomas le llama la atención ser uno de ellos.

En cierto modo, salvando las distancias, me recordó a El señor de las moscas, aunque esta sociedad de jóvenes está más que organizada y no degenera en la anarquía. Durante toda la historia van apareciendo pistas, a través de la experiencia de Thomas, que son las encargadas de hacer que te preguntes qué hacen encerrados allí, por qué motivo o quienes lo hicieron. ¿Es un experimento o un castigo? El lector se hace las mismas preguntas que el protagonista, que poco a poco se va adaptando a su nueva vida, hasta que todo se tuerce cuando llega una chica con un mensaje: Todo va a cambiar. Es aquí cuando empiezan las prisas, la acción y la cuenta atrás para escapar del laberinto.

Como ya dije es una lectura entretenida con dosis de suspense, pero que por desgracia perdió puntos porque vuelve sobre lo mismo una y otra vez. 

(Aquí llega la pataleta).

Cuando una historia tiene argumentos e ingredientes suficientes, a veces no queda más remedio que separarla en volúmenes para evitar editar libros de más de 800 páginas -en estos casos son más que justificables las sagas-, el problema viene cuando las historias acaban condicionadas por presentarlas en tres libros (o más). Parece ser que hoy día todo lo juvenil debe ser escrito en forma de saga y es por esto que un alto porcentaje de los libros que leemos están casi vacíos. En todos hay personajes, argumentos, acción y romance, pero a la hora de la verdad las tramas principales se desarrollan de manera tan holgada que la mayoría ni siquiera funcionan. Vemos inicios de sagas lentos, libros intermedios que no aportan nada y desenlaces precipitados. ¡Penita me da!

A El corredor del laberinto, primer volumen de una trilogía, le pasa algo parecido: el relleno se me antojó repetitivo y llegados al final, cuando se resuelve gran parte de las preguntas que nos hicimos durante más de 500 páginas, resulta que se resumen en un triste párrafo. Es para tirarse de los pelos… A mí me frustra mucho empezar un libro con tanta ilusión para que al final, por culpa de las modas, te lo fastidien. 

No tengo ni idea de cómo estarán planteados los siguientes libros de esta saga, pero es bastante posible que si lo hubieran resumido en un par de volúmenes, o incluso en uno, la saga habría ganado dinamismo y fuerza. Al menos así lo veo yo.

El gatito Baldomero dice:
Está entretenido

7 jul. 2014

Para leer: El Libro Vampiro y otras monstruosidades, de Manuel Sánchez Chamorro


Con este título tan sugerente se presenta esta antología, que más de terror habría que catalogarla de intriga. Es complicado resumir un libro así pues condensa tantas historias independientes, cada cual con su propia esencia y personalidad, que resultaría eterno hablar de cada relato. La antología se compone de una veintena de historias, desarrolladas a lo largo de 172 páginas, que comparten un deje melancólico e inquietante. Se me quedó grabado el primer relato que trata de un libro en blanco, un libro vampiro, que se autocompleta al absorber libros de esa literatura de guerrilla y tantos bestseller, de calidad cuestionable, que a veces dan ganas de borrar del mapa. También, en El Libro Vampiro, hay herencias que traen consigo metamorfosis extrañas, videntes capaces de provocar desgracias con sus vaticinios, espejos que roban la esencia del alma, fantasmas y una mamba negra (entre otros).

El otoño, la decadencia, la memoria del pasado, el paso del tiempo y la sombra de la muerte son un tema recurrente en todo el libro. Sobre todo hay algo que me llamó la atención: las fechas. Todos (o casi todos) los relatos están emplazados en un momento concreto, a veces hacen referencia a un mes pero otras tantas están fechados. Es como si el autor quisiera atrapar el tiempo a través de sus letras para que no se escape tan rápido.

En general es un libro que se lee con entusiasmo y comodidad porque la narración es agradable y fluida, aparte las historias enganchan. Me gustó especialmente la selección de microrrelatos del final, tengo predilección por las historias cortas porque me parece muy complicado condensar tanto en tan poco espacio. Para mí, los microrrelatos deben ser como mordidas o pellizcos, breves, concisos e intensos. Éstos los son, pese a que el resto de historias que encontramos en El Libro Vampiro se van desgranando poco a poco, sin prisa, hasta conducirnos a esa frase final, a ese giro sorprendente que lo cambia todo y es capaz de dejarte satisfecho y, en ocasiones, con la boca abierta.

Aparte de todo esto, hablamos de una edición muy cuidada, tanto en diseño como en corrección. Igual que me suelo quejar de las tantísimas erratas que abarrotan ciertos libros, es justo alabar a los que no las tienen. Tanto en ese aspecto, como en su cuidada narración, El Libro Vampiro se lleva un sobresaliente.

El gatito Baldomero dice:

¡Está genial!
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