26 abr. 2010

Para leer: La guerra de los mundos de H.G. Wells


Después de engullir soy leyenda he seguido con la línea y no se me ha ocurrido otra que zamparme la guerra de los mundos. Supongo que el título os sonará ya que, además de sus correspondientes adaptaciones cinematrográficas, estamos hablando de una novela pionera en el género de la ciencia ficción. Entre estas adaptaciones al cine la más conocida es la del 2005 dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Cruise, que a diferencia de la novela original los hechos se desarrollan en la época actual.

La guerra de los mundos vio la luz por primera vez en el año 1898, de la pluma de H. G. Wells. Al principio me ocurrió que la diferencia narrativa con las tendencias actuales me provocaban cierta pereza, pero una vez me acostumbré acabó encandilándome. Después de haber visto y leído tanto sobre invasiones alienígenas me ha parecido algo inocente el enfoque que nos muestra su autor, pero también hay que tener muy presente que la guerra de los mundos es la primera narración que se atrevió a hablar sobre una invasión de otro planeta en la Tierra (en este caso de Marte). Sin duda H. G. Wells fue un visionario de su época.


El protagonista, un escritor de artículos científicos, nos cuenta la llegada de los marcianos en el Londres de principio del siglo XX y sus diversas fases de conquista, describiendo al detalle las armas y máquinas con las que los invasores arrasarán las ciudades humanas. Para los marcianos los humanos no son más que pequeñas hormiguitas molestas, tanto es así que los acontecimientos apuntan a que la humanidad quedará relegada como simple ganado para ellos. Ante el avance y la destrucción marciana la humanidad estará indefensa, ya que las armas no serán suficientes para combatirles y no podrán deteneles. No contaré más sobre la trama, aunque es posible que muchos sepan cómo se resuelve el problema.

Para todos aquellos curiosos la guerra de los mundos es una novela muy recomendable, y además fundadora de uno de los géneros más apasionantes de la literatura actual, la ciencia ficción.

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23 abr. 2010

¡¡50 seguidores!!


Quién me lo iba a decir cuando empecé con el blog que tanta gente se interesaría por las tonterías que escribo. Ya llegamos a los 50 miembros de la secta de Léoen ¡muajajaja!. Llegados a esta cifra no me queda más remedio que ir pensando en la sorpresita por si llegamos a los 100.
Se me había ocurrido algo pero para realizarlo habría necesitado que me prestasen unas cuantas cabras y ovejas, así que esa idea queda descartada. Pero no os preocupéis que ya tengo una idea alternativa mucho más divertida que la de las cabras. ¿Qué seraaaa? Cuando el marcador llegue a 100 lo desvelaré :)

Gracias a todos por leerme, de verdad que me hacéis muy feliz.

Por cierto, hoy Llou se va a la Feria así que no habrá tira nueva hasta el próximo domingo.


Un abrazo a todos y millones de GRACIAS.

19 abr. 2010

Ya huele a feria: “Umm, caquita de caballo…”

Esta misma noche comienza una de las fiestas de primavera más esperadas por estos lares, la Feria de Abril, macrobotellón bien visto que dura nada menos que toda una semana. Como buena “sevillana” no puedo dejar pasar la oportunidad para comentar el evento.

ADVERTENCIA, si eres un apasionado de la Feria y tu vida gira en torno a tu fiesta reina abstente de seguir leyendo.


Una vez aclarado esto prosigo con mi análisis.

Comenzaremos con un poco de historia, la primera vez que se celebró la feria fue en el año 1847, y lejos de ser el jolgorio que conocemos ahora era simplemente una feria de ganado donde ganaderos y agricultores se daban cita para exponer a concurso sus mejores reses. Y ¡HORROR! todavía en el año 2010 siguen montando a caballo por las calles del recinto con el peligro que eso conlleva. No es ningún secreto que los caballos traman algo gordo, tal vez estén planeando dominar el mundo, sólo hay que verles cuchicheándose cosas a las orejas y de la manera que nos miran, además siempre que pueden te pegan un pisotón o te dejan bien claro lo que opinan de ti con una buena boñiga. Pero eso no es lo peor, lo más terrible es que los jinetes se disfrazan para vestir a la última moda de hace dos siglos. Menos mal que las mujeres, al menos, tienen algo más de gusto y el corte de los trajes de flamenca ha ido variando, gracias al cielo. Rememorad esas películas de Marisol en las que lucía unos bonitos trajes de volantes, que le llegaban por la rodilla y que además tenían ¡¡un agujero en los sobacos!!


Todavía recuerdo aquel traje que tuve cuando niña color salmón, de lunares blancos, con encajes y pasa cintas, que pesaba unos 20 kilos, y con unas mangas tipo clavel más grandes que mi cabeza, que más que mona parecía un engendro tricéfalo con eso puesto. Para mejorarlo me plantaban una flor bien tiesa en lo alto de la coronilla con las horquillas tan apretadas que acababan por provocarme jaqueca. Por otro lado los trajes de flamenca siempre me han recordado a la vestimenta de los arlequines, supongo que será por la variedad cromática. Cuando veo un escaparate exponiendo la mercancía feriante no puedo evitar pensar: “Pero que guapas van a ir este año a la feria”.

Desde luego la feria cuando más se disfruta es de niño, más que nada porque te llevan a la Calle del Infierno a montarte en los cacharritos (no confundir con objetos muy pequeños, son atracciones sólo que aquí se les llama así). Además está lleno de animalitos, el gusano loco, el canguro, el ratón vacilón, los caballitos del tiovivo… Luego están esos pobres ponis con cara de amargados que se pasan horas atados a un eje fijo y dando vueltas a cambio de unas cuantas zanahorias. ¿Para qué ir al zoo cuando en la feria tienes tantos bichos juntos? Y si no estás satisfecho siempre puedes ir al circo a ver al ligre (híbrido entre león y tigre, o eso decía el cartel). Una de mis mejores ferias fue cuando cual Ash Ketchum me hice con una colección de Pokemon en las maquinitas de los ganchos. Cacé a Pikachu, a Charmander, a Bulbasaur, a Charizar… y algún que otro más que no recuerdo, ah y también cayó un Winnie the Pooh que extrañamente le encanta a mi gato Masacre.

La Feria de Abril; para unos tradición y para otros estancamiento cultural. Desde aquí propongo una Feria de Abril alternativa, porque no a todo el mundo nos gusta bailar sevillanas, y no hay cosa más desagradable que un tío con las manos a lo Playmovil intentando seguir los pasos, os lo digo yo, bueno sí, hay algo peor: un borracho con las manos a lo Playmovil intentando seguir los pasos y además cantando. Eso sí que es un despropósito.

Si puedo evitarlo, un año más, no pisaré la feria, aunque hay compromisos ineludibles así que si voy me veré obligada a beber rebujito para contrarrestar el mal trago.

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14 abr. 2010

Invasión de Pukis / DK 004


Un dashlar de carga que transportaba cientos de Pukis a la reserva del Parque Natural de Arkadia, ha volcado esta mañana en plena vía tras explotar uno de los motores de propulsión del vehículo. Por el accidente la nave de carga quedó abierta y los Pukis que transportaba escaparon invadiendo la vía de circulación.

Los Pukis todavía siguen en libertad y el atasco provocado por el accidente ha colapsado kilómetros de la vía 23-K, así como las vías circundantes. El tráfico de la ciudad ha quedado colapsado y cientos de conductores se han visto sorprendidos por tan inusual accidente.

Los Pukis en su huída, y cuya dieta consiste en todo tipo de metales, se han comido una docena de dashlar usuarios que estaban atascados en las proximidades, un par de pilares que sustentaban la vía y los pendientes de una señora que pasaba por allí.


Nota de la autora:
*Esta noticia es ficticia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, a menos que seas kaliano.


10 abr. 2010

Las barbacoas. Post no apto para vegetarianos


¿Por qué será que a todo el mundo le gustan las barbacoas? Sí, sí, no lo neguéis, las barbacoas molan, y eso que sólo consisten en comer filetes, chistorra y variados del cerdo, porque prueba a poner filetitos de pollo a ver si alguien se los come.

Y es que las barbacoas sacan lo peor de nosotros, que somos seres racionales y comedidos. Nos convertimos en auténticos carnívoros devoradores de carne, como nuestros ancestros peludos que de aperitivo servían a sus invitados patas de mamuts y se las comían a “bocaos”. Estos señores sí que sabían comer, ni bífidus activo ni elecasei limunitas que valgan, esas pijadas las dejaron, y con razón, para el estúpido hombre del futuro que es tan tonto como para creerse que en un botecito de yogurt caben millones de elecasei limunitas. Imaginaos al pobre becario en la fábrica de yogurt contando bichitos y metiéndolos en el bote, eso no está pagado.

Para mí lo mejor de las barbacoas, a parte de los filetes y le pan de pueblo, es que no tengo que escuchar al acabar de comer eso de: “niña, comete la frutita”, por el simple motivo de que no hay fruta, a menos que hayas comprado alguna sandía al típico señor apostado a pie de carretera, que suelen señalizar su puesto con carteles que rezan: “asendías y melones”. Prefiero la “asendía”, puestos a elegir, los melones sólo me gustan en chicle. Sin embargo la sandía no es fruta propia para una barbacoa ya que no viene del cerdo y no tiene, o no debería tener cabida en una comilona de este tipo.

Se avecina el buen tiempo y la temporada de barbacoas está a la vuelta de la esquina, lo que quiere decir que tengan ustedes a mano la cajita de Almax, o en su defecto sal de frutas, de esa que cuando te la tomas te pica la nariz.

Resumiendo, esta noche no cenaré porque no me cabe más comida en el cuerpo, y además tengo una resaca que no me tengo, de ahí este absurdo post.

Disfruten de la primavera, y de las barbacoas y sus filetones grasientos.

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7 abr. 2010

::Mis frikadas:: Un día en el bosque

La vegetación se elevaba imperiosa y amenazante, bordada de verdes, grises y tostados, y una inusitada quietud mantenía estancado a cada árbol y brizna de hierba en el tiempo. La calma del bosque se interrumpió por las prisas de una niña de melena dorada y brillante, como los rayos vespertinos del amanecer. ¿Tenía prisa? No, estaba huyendo. A cada zancada miraba atrás en busca de una pista del cazador, y el cansancio hacía flaquear sus piernas. Tropezó con una rama y se estampó contra la arena rojiza.
Un gruñido disgustado se le escapó de entre los dientes y enseguida se puso en pie ayudándose de su rifle. El calor de la carrera empezaba a sofocarle a pesar de que la temperatura no era alta. De modo que se deshizo de la chaqueta de la milicia, que era un par de tallas mayor que la suya pues en la academia militar no estaban acostumbrados a tener alumnos tan jóvenes. Nelka sólo contaba once años. Luego volvió a ajustarse la espada a la espalda y el fusil al hombro.
Como un felino giró la atención hacia la maleza cuando escuchó que las ramas crujían. Desde donde estaba podía olisquear la fetidez a goma quemada que desprendía esa máquina. Desde luego, haberle prendido fuego a esa tetera con tentáculos no había servido de mucho. Ya no sabía qué hacer para deshacerse de ella.
De un salto grácil como el de una bailarina de ballet trepó al tronco de un árbol, y más arriba se encaramó en una de las ramas. Desde allí esperó con la vista atenta y oteando el horizonte a través del punto de mira del rifle.
La manta verde se agitó espantando hojas. El cazador, con el armazón de hierro quemado por el incendio, se detuvo hundiendo las cuatro patas en la tierra para inspeccionar el claro con su ojo rojo. Siseó, de esa manera que sólo un robot sabe, con un sonido frío y cortante, sin vida ni sentimientos.
No era rápido, nada rápido, pensó Nelka mientras le observaba a través del fusil, aun así no había manera posible de tumbar a ese implacable cazador.
La máquina fijó la lente sobre la presa pues su calor humano la había delatado en forma de mancha oscura. Obedeciendo a su programa de eliminación selectiva armó sus brazos extensibles y cargó contra ella. Pero la mancha se zafó de la ventisca de balas y se escabulló entre la espesura. Reanudó la marcha, era imparable e implacable, no se detendría hasta que eliminase el objetivo.

Después de la acrobacia Nelka había perdido el fusil y ahora sólo tenía su espada para poder defenderse. Pronto averiguó que tenía que sumar un percance más a la situación, el camino terminaba en un barranco. Frenó justo al borde y se asomó barajando la posibilidad de saltar al vacío, pero eso habría sido un suicidio bastante estúpido. De modo que se volvió y desenvainó la espada para plantar cara a la máquina, que no se hizo esperar demasiado. Tras atropellar algunos arbustos y derribar un par de troncos secos, se precipitó sobre ella con los brazos cargados de nuevo. Pero esta vez fue Nelka quien movió primero la ficha, saltó sobre la máquina y clavó la espada en la lente roja dejando al cazador ciego. Se estremeció entonces, chispeando averiado, aunque todavía operativo. Intentaba alcanzar a la pequeña niña danzarina, que saltando de un lado a otro esquivaba todos sus intentos. Esta vez la máquina tuvo suerte y uno de los brazos consiguió travesar el muslo de la niña y clavarla al metal.
Nelka gritó, aunque sabía que el cazador no podía escucharla, y de igual manera no tendría compasión de haberla oído. No pararía hasta matarle, estaba segura, y no estaba dispuesta a permitírselo. Esquivó el nuevo ataque que había dirigido sobre su cabeza y al tiempo consiguió alcanzar la empuñadura de la espada. Sesgó el aire y la hoja cortó el brazo que la apresaba. Rodó por la curvatura y se dejó caer al suelo, y aunque se magulló al estamparse contra la arena se lanzó hacia los matorrales con la intención de ocultarse. Ahora el cazador disparaba a ciegas y con un poco de suerte, si conseguía engañarle, conseguiría que se despeñase por el barranco. Corrió hacia la cornisa con esa esperanza, pero una bala le alcanzó en el hombro. La máquina le había derribado a ella.
En el suelo, y en un último esfuerzo, Nelka buscó la pistola que llevaba oculta en la pernera del pantalón. Mientras esperaba lo inevitable se preguntó qué hacía allí en vez de estar jugando a las muñecas como todas las niñas de su edad. Su vida habría sido muy diferente si no hubiese elegido el camino del guerrero.
El amasijo de metal se precipitó sobre ella. Sólo tenía una oportunidad, si erraba el tiro estaba perdida. Esperó, esperó... Disparó.

El silencio retornó a los árboles, sereno y tranquilizador, y Nelka abrió los ojos. El cazador estaba sobre ella, paralizado y estático, y tras él el techo gris de la sala de simulación. El bosque había desaparecido y el juego había terminado.
El rostro del general Blath la miró desde arriba, recortado por los focos. Aún así Nelka pudo distinguir su ceño fruncido.
—¿Me quieres explicar cómo pretendías deshacerte del T-27 con esto? —el general le quitó la pistola de las manos, que no opusieron ninguna resistencia—. La próxima vez piensa antes de actuar porque sino dejaré que te aplaste.
Después de la reprimenda se alejó dejándola herida.
Nelka escuchó cómo se cerraba la puerta de la sala. Intentó incorporarse, le costó unos minutos hacerse al dolor hasta que pudo levantarse. Arrastró la pierna y se dirigió hacia la salida, era hora de ir a la enfermería.

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6 abr. 2010

De diálogos, rayitas y otras puntuaciones


Doña Paca no está sorprendida porque le guste el tema de hoy en EscritorL, es que se ha enterado, no sé cómo, de una meganoticia que muy pronto compartiré con vosotros en cuanto sea oficial. ¿Qué será…? Aaaah, preguntadle a Doña Paca, aunque con la emoción parece que se ha quedado sin habla.

A parte de la noticia misteriosa hoy quería dedicarle un poco de tiempo a los diálogos, más concretamente a cómo puntuar correctamente un diálogo.

Me hizo mucha gracia aquel día que un amigo mío abrió por primera vez mi novela y dijo: “¡Si le has puesto hasta las rayitas a los diálogos y todo!”, se sorprendió, no de que tuviese rayitas sino de que estuviesen puestas correctamente.

Aunque pueda parecer sencillo puntuar un diálogo en una novela tiene sus reglas, que todo escritor debe conocer. El tema de hoy es pura teoría, aunque más adelante ampliaremos conceptos sobre los diálogos y también hablaremos de cómo construirlos y otras tantas cuestiones tan variadas como una fuente de “pescaíto frito” (a Doña Paca le encanta el “pescaíto frito”, sobre todo el adobo y las patitas de calamares rebozadas).

Para empezar todos sabemos que cuando un personaje literario habla se señala con guiones, pero no con el guión corto que está tan a mano en el teclado “-“ (eso sería ponérnoslo fácil), sino con el guión largo “―” que encontraréis en el apartado símbolos del Word. Un truquito para conseguir el guión largo si no trabajamos desde Word es ir a través del menú inicio de nuestro pc/accesorios/herramientas del sistema/mapa de caracteres. Además del guión largo hay otros tantos símbolos que pueden serviros, si es que no tenéis el Word a mano.
Una vez localizado el guión largo vamos a ver qué tipos de diálogos nos podemos encontrar:

En un diálogo puede hablar solamente el personaje.
(1)―Por fin he llegado a casa.

O también incluir un inciso por parte del narrador.
(2)―Por fin he llegado ha casa ―dijo Cornelio.

Para complicarlo un poco más además del inciso del narrador, Cornelio que habla hasta por los codos continúa con su locución.
(3)―Por fin he llegado a casa ―dijo Cornelio―. Y tengo un hambre terrible.

Antes de seguir con las variantes analicemos la disposición de los elementos. (1) Fijaos que al comienzo de la frase comienza con mayúscula tras el guión, sin dejar ningún espacio. (2) Tras hablar Cornelio hay un espacio y se separa con otro guión el inciso del narrador, que comienza con minúscula y cierra el diálogo con un punto y a parte. (3) Al terminar la primera frase se deja un espacio, se abre otro guión y habla el narrador. Como veréis el inciso del narrador queda entre los dos guiones, sin espacios entre la primera y última palabra, y además tras el último guión se cierra con un punto y seguido que precede a la siguiente frase de Cornelio (no se olviden de empezar con mayúscula después de un punto.

En cuanto a otros signos de puntación en el diálogo como la interrogación “?”, la exclamación “!” o los puntos suspensivos ” …” siempre preceden al inciso del narrador y deben ir antes del guión:

―¿Por qué has vuelto tan pronto? ―preguntó su madre.

―¡Qué sorpresa! ―añadió su tía.

―Pues se podría haber quedado en Londres… ―susurró su primo Bernardo.

Sin embargo, y aunque suele usarse poco, los dos puntos “:” van tras el inciso del narrador.

―Pues es muy sencillo ―dijo Cornelio―: en Londres llueve mucho y me da miedo el agua.

Es posible que en ciertas ediciones encontréis una variante del ejemplo número 3 de arriba, es también válida:
(3.2)―Por fin he llegado a casa. ―Cornelio se sentó en la silla―. Y tengo un hambre terrible.

Hasta aquí el EscritorL sobre puntuaciones de diálogos, si alguna vez os asaltan las dudas abrid cualquier libro de vuestra estantería y analizadlo con detenimiento, es muy probable que os resuelva el enigma.

5 abr. 2010

DMC "Detroit Metal City"

Volvemos a lo grande, como no podía ser menos, y os traigo una historia que me ha hecho llorar de risa. Se trata de un manga-anime-película, nada menos.
Detroit Metal City, es posible que algunos ya la conozcáis pero para mí ha sido un auténtico descubrimiento, hacía tiempo que un manga actual no me atraía tanto como para tragarme enterita la serie y la película en versión original y subtitulada.


El manga apareció por primera vez en el año 2005, su autor Kiminori Wakasugi, y como tantos otros mangas de éxito en Japón lo llevaron al anime para una serie de 12 capítulos del mismo título. Hacia el 2008 se llevó a la gran pantalla nipona, en una película dirigida por Tashio Lee y que cuenta con la aparición estelar de uno de los grandes del mundo del rock, Gene Simmons, bajista y vocalista de los KISS. Tanto el maquillaje de los protagonistas como el propio nombre de la serie son parodias de este archiconocido grupo americano (el título de la serie está basado en una canción de los Kiss titulada “Detroit Rock City”).


La historia nos trae a un jovencito de pueblo (Soichi Negishi), tímido y apasionado de la vida cool y moderna de Tokio, que se muda allí para estudiar en la universidad, y ya de paso cumplir su sueño de ser cantante. A Soichi-san le encanta la música pop sueca y las películas románticas francesas, pero por mano del destino, cuando se gradúa, acaba siendo el vocalista y guitarrista de una banda de death metal (con el consecuente trauma para Soichi). Cuando canta se transforma en Krauser II, un ser demoníaco que según las habladurías mató a sus padres cuando nació y es capaz de violar a 11 personas en menos de un minuto (la realidad es que le envía claveles a su madre en el día de la madre y que sigue siendo virgen –y no me extraña con esa cara de pardillo y ese peinado a lo tazón-).


Las situaciones cómicas se suceden una tras otra entre los cambios de Soichi a Krauser II y viceversa. Incluso cuando Soichi se escita demasiado o se enfada deja salir a su otro personaje, al que intenta ocultar por todos los medios a su familia a y a la chica que le gusta.

Y aquí tenéis el tráiler de la película.

Y mi nota personal, aunque se supone que DMC es un grupo deathmetalero no os lo creáis, esa música dista mucho del death metal de verdad. Y para los que crean que este tipo de música es cosa de modas, diré que ya en los 80 se escuchaba música death con grupos como Celtic Frost, incluso Jim Carrey (actor de películas como la máscara o Ace Ventura) se declara fan de Cannibal Corpse (que aparecen en una de sus películas de Ace).


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